Clara Zid, febrero 2020 [English]

«Somos tres gatos tratando de hacer lo que casi nadie hace en Colombia». Así describe Diana Salinas su trabajo como co-fundadora y editora jefe de Cuestión Pública, uno de los pocos medios digitales en Colombia que se atreve a practicar el periodismo de investigación y contrapoder. Su misión es, asegura, «ser los ojos vigilantes del poder en nombre del ciudadano de a pie». Por ello, acaban de ganar el Primer Premio de Periodismo Nacional Simón Bolívar 2019.
«Cuatro encuentros entre Uribe, Odebrecht y el pagador de los sobornos»
es el título del trabajo ganador del premio Simón Bolívar. Ahonda en los sobornos del gigante brasileño de la construcción Odebrecht a diversos políticos de América Latina, concretamente al expresidente y senador colombiano Álvaro Uribe Vélez.
Cuestión Pública ha publicado diversos reportajes sobre el escándalo Odebrecht y fue a partir de esta saga que su sitio web sufrió ataques de Denegación de Servicio (DDoS), por lo que fueron remitidos al programa pro-bono «Rapid Response» de Qurium: «Desde que ellos tienen nuestro manejo del hosting y estamos bajo su asesoría estoy absolutamente tranquila, siento que estamos siendo cuidados y protegidos por los mejores y esto hace que podamos trabajar sin la presión y amenaza de ser atacados», explica Diana.
Recientemente Qurium y Cuestión Pública llevaban a cabo una investigación conjunta para analizar la aplicación móvil Kontacto, que hacía un seguimiento de la intención de voto de miles de votantes en las elecciones de octubre de 2019 en Colombia. La aplicación, además de fraudulenta, era insegura y ponía en riesgo la información personal de esos votantes, como descubrió Qurium. La Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia ha abierto una investigación al respecto.
Al equipo de periodistas que forman Cuestión Pública les «obsesiona», según Diana, «escarbar hasta llegar a la verdad de lo que los poderosos quieren ocultar, como las jugadas de las corporaciones bancarias, los arreglos bajo la mesa en la contratación pública, la ruta de los dineros públicos, los conflictos rurales por la tenencia de la tierra, las alianzas políticas que benefician los intereses privados y todo lo relacionado con el posconflicto colombiano».
Diana afirma no temer por su integridad física, aunque tiene siempre presente su reportaje más peligroso, «Californication»: «Nos metimos de lleno a escarbarle el patrimonio al personaje más influyente de Colombia en términos politicos», dice. Mientras realizaban la investigación, un taxi explotó al lado de su casa y un compañero la advirtió de que este era el estilo para intimidar a periodistas del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), famoso por interceptar ilegalmente a políticos, jueces y periodistas bajo el gobierno de Álvaro Uribe. Aunque no se pudo comprobar que el incendio del taxi fuera ocasional o provocado.
«Hay personas que acosan con demandas, rectificaciones y tutelas para lograr torcer la noticia a favor de ellos»
Diana está acostumbrada a las presiones y represalias por sus artículos: «Hay personas que acosan con demandas, rectificaciones y tutelas para lograr torcer la noticia a favor de ellos». Y es que, asegura, «quien quiera hacer periodismo de investigación y contrapoder tiene que dejar el miedo en la casa». La idea, dice, «no es nunca morir en el intento, pero todos los días se vive un poco con estos abusos, entonces una aprende a protegerse».

Colombia, según la periodista, es un país con «muchas dificultades para trabajar bajo el respeto de la libertad de expresión» donde solo en 2019 se registraron 634 violaciones a la libertad de prensa, según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). El barómetro 2019 de Reporteros Sin Fronteras asegura que «América Latina sigue siendo una región peligrosa para los profesionales de la información, con un total de 14 asesinatos (10 en México, 2 en Honduras, 1 en Colombia y 1 en Haití), América Latina se ha convertido en una zona tan letal para los periodistas como el Oriente Medio».
Además de esta amenaza, la censura persigue a los periodistas: «Preparé un informe sobre un presidente del Congreso que abusó de su poder. Esta investigación terminó con el programa de televisión en el que trabajaba, que había sido referente de periodismo en Colombia durante 12 años, y cerca de 25 personas nos quedamos sin trabajo», explica Diana.
Este episodio la convenció para co-fundar su propio medio de comunicación en enero de 2018, con David Tarazona y Claudia Báez. El equipo actual lo forman los tres socios fundadores más nueve personas, entre ellas un contador, la encargada de las audiencias, un editor jurídico, dos periodistas de investigación y colaboradores. En total, entre doce y quince personas, de las que siete reciben remuneración.
Antes de Cuestión Pública, Diana ya había ganado dos veces veces el Premio Nacional Simón Bolívar, con los reportajes “Los abusos de poder del Procurador” y “Lupa sobre magistrados de Altas Cortes”. El primero ahondaba en las políticas anti-LGTBI de un funcionario público que daba trabajo a familiares de personas encargadas de reelegirlo. El segundo investigaba a varios magistrados que vendían fallos de la justicia.
«Cuando detecto ese ‘desencuadre’ entre derechos humanos, malversación de los recursos públicos y poderosos ostentando lo que es de todos quiero dejarlo al descubierto lo más pronto posible«
Diana explica que se metió en esta profesión tan arriesgada porque «me encanta poner el dedo en la llaga, irritar con la verdad» y asegura que lo que la motiva a realizar estas investigaciones es «lo que está ‘descuadrado’, cuando detecto ese ‘desencuadre’ entre derechos humanos, malversación de los recursos públicos y poderosos ostentando lo que es de todos me lleno inmediatamente de adrenalina y quiero dejarlo al descubierto lo más pronto posible, para que pare el abuso».
Es, dice, una «obsesión difícil de resistir, soy obsesiva a la hora de hacer periodismo» y no importa si quien realiza el abuso son personas de renombre o anónimas. Con el tiempo, dice, «me he dado cuenta de que somos una sociedad de abusadores».
